FOTO : JOSU IZARRA

Once duros y largos meses después, aquí estamos, ante una nueva oportunidad de hacer historia. Contra viento y marea hemos peleado para levantarnos tras una durísima temporada en la que parecía que aquello que con tanto sudor y sacrificio habíamos conseguido, se desmoronaba. Parecía el despertar de un sueño, algo así como el principio del fin…

Y esto, el que comenzase un declive tras un ciclo de bonanza podría ser lógico en casi cualquier club del mundo, la verdad. Lo que pasa es que este, nuestro querido Club Deportivo Mirandés, no es un club cualquiera. Si hace apenas un año alguien hubiera dicho que en estas fechas íbamos a estar a tan sólo una eliminatoria de retornar al fútbol profesional, muchos no lo hubieran creído. Sin embargo, aquí estamos, llamando a las puertas del cielo.

El camino no ha sido fácil. A pesar de empezar fuertes, la temporada ha tenido tramos complicados y quizá ha sido ahí, en los momentos difíciles, cuando el equipo nos ha dado una lección importante a todos. Han creído siempre en ellos, siendo una piña para lograr ser campeones del grupo segundo de la Segunda División B.

Más allá de si el juego ha sido o no brillante, el conjunto capitaneado por Pablo Alfaro y sus ayudantes, ha logrado unir de nuevo a equipo y afición como hacía mucho tiempo. El clima que se respira es el de un grupo unido, en el que el trabajo, la humildad y la ambición lo han convertido en EQUIPO, con mayúsculas. Por todo esto, y aunque muchos no hayamos estado del todo de acuerdo con la propuesta futbolística en algunos momentos, se han ganado a pulso nuestra total confianza.

El destino ha querido que nos crucemos con el equipo más potente de la categoría. Esta no es una valoración subjetiva, ya que los datos (presupuesto, jugadores, medios, etc) hablan por sí solos. Es obvio, sobre el papel, que el Real Mallorca es el favorito en esta eliminatoria, pero la teoría no siempre se cumple y es que, son varias las razones para creer.

El Mirandés, un club humilde, de una pequeña ciudad y sin ningún macro-proyecto detrás, ya se plantó en Segunda División hace seis años. Que lo consiguiera, no fue una casualidad y mucho menos lo es, que hoy, sin que nada de lo anterior haya cambiado, vuelva a estar a un paso de hacerlo.

Si en los últimos años, nuestro club ha escrito las mejores páginas de su historia, ha sido merced a las cosas bien hechas. Un proyecto sostenible y de todos. Con los pies en suelo, el Club de la Calle de la Estación ha hecho de su viabilidad un gran arma, que le permite afrontar este tipo de retos sin miedos ni incertidumbres. El futuro está asegurado, algo que, sin duda, reduce la presión en esta eliminatoria.

La humildad propia de quién ha conseguido las cosas desde abajo y no olvida sus orígenes también ha de ser un elemento determinante. Si algo nos ha enseñado el paso por el fútbol profesional es que lo que nos hace grandes es esa esencia especial que tiene el Mirandés y que no tienen otros. Ese ambiente mágico que se vive en el estadio cuando equipo y afición van de la mano hace que, si la eliminatoria llega abierta a Miranda, Anduva pueda ser clave.

Pero además de todo esto, que nadie dude de que los nuestros también saben jugar (y muy bien) al fútbol. Tenemos un gran equipo, capaz de ganar a cualquiera y que no ha sido campeón por casualidad. Es momento, más que nunca, de creer en lo que hacemos y de ser fieles a nosotros mismos. Somos un equipo con una enorme personalidad y eso no se compra.

Sin duda, el Mallorca es superior en muchas cosas. Nadie lo va a negar, pero en lo que no van a ganarnos es en ilusión. Tenemos en nuestra mano volver a hacer la machada. Volver a la élite. En el ambiente vuelve a sentirse el espíritu de la Aldea Gala. Se percibe el hambre que nos hace estar, como dirían estos paisanos de nuestro goleador, Diego Cervero, “con actitud precisa de un depredador”.

Las semanas se van a hacer largas, pero más larga ha sido la espera para llegar hasta aquí. Somos el Club Deportivo Mirandés. Nadie nos ha regalado nada. Si alguien quiere arrebatarnos nuestro sueño, va a tener que sudar mucho. Vamos, rojillos!

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