OPINIÓN l Modestos (madrileños) en la élite

La breve historia de los equipos modestos madrileños en la élite nace en la temporada 1976-1977, en la que el Rayo Vallecano queda tercero en la Liga de Segunda y asciende por primera vez a la máxima categoría del fútbol español. Tras doce años consecutivos en Segunda división, los franjirrojos acompañarían a Real Madrid y Atlético de Madrid como representantes madrileños. Además, logró la hazaña en un recordado  partido en el sur de Madrid frente al Getafe, al que también valía el empate que se reflejó al final para permanecer en Segunda el año de su debut en esta categoría. Un 1-1 con un “¡que se besen, que se besen!” de libro.

Este Club Getafe Deportivo abanderó el fútbol modesto madrileño durante la transición, al encadenar seis temporadas seguidas en la Segunda división, donde compartiría derbis también con el Castilla y el At. Madrileño, filiales de los mayores. Su mayor hito fue un 3-3 copero en Las Margaritas frente al Barça de Cruyff en 1978. Los problemas económicos del club dieron con los huesos del equipo azulón primero en Tercera división y después le abocaron a la desaparición, con la consiguiente refundación del  Getafe CF, que comenzó a competir en categorías regionales en 1983.

La reestructuración de la Segunda división B, compuesta de dos grupos hasta la temporada 1985-1986 en los que llegaron a jugar el Parla y el Alcalá, dotó de protagonismo a más equipos madrileños, con Getafe, Leganés y San Sebastián de los Reyes entre otros. Fue el hábitat natural de los enfrentamientos entre equipos madrileños modestos, donde se gestó realmente la rivalidad entre los vecinos Getafe CF y CD Leganés, que tres décadas después se repetirían en Primera.

Si en los setenta equipos como la UD Salamanca o el propio Rayo Vallecano, con el sobrenombre de “matagigantes” en su debut, habían llevado el espíritu de los equipos modestos por los estadios de mayor solera, a finales de los ochenta le llegó el turno al CD Logroñés y en los noventa al Albacete Balompié, la SD Compostela, el Villarreal CF, el CP Mérida o el CF Extremadura. Y hubo cabida también para los equipos históricos pero modestos en la lucha por el título, como el Deportivo de La Coruña, el gran soplo de aire fresco del fútbol español que discutió títulos a Real Madrid y Barcelona, con tan solo una distancia de once metros en el recordado desenlace de la temporada 1993-1994.

Ese año, precisamente, el Getafe CF seguía la senda de sus vecinos blanquiazules de Leganés que habían ascendido un año antes a Segunda División al golear 3-0 al Elche. Por lo que hubo derbi inédito del sur de Madrid en la temporada 1994-1995, donde los pepineros se mantuvieron (incluida la repesca de esa misma temporada por el no descenso de Sevilla y Celta) hasta diez temporadas. En ese intervalo, los azulones sumaron seis temporadas en Segunda. Cosas de las casualidades, la temporada que el Leganés volvía a la categoría de bronce acompañado del Rayo Vallecano, el Getafe ascendía al cielo de la Primera división en 2004, tras el histórico 3-5 en Tenerife con cuatro goles de Pachón.

Desde entonces el cromatismo de Primera y Segunda ha variado muchísimo, con nuevos ascensos de equipos asentados en ciudades de menor población que los clubes históricos, lo que ha supuesto un cambio de tendencia que premia la buena gestión de las entidades deportivas, además con desapego a lo efímero, como demuestra el propio caso del Getafe -dos veces finalista de Copa y con participación europea de tintes míticos (3-3 ante el Bayern)- y los más recientes de Éibar, Leganés o Girona. Equipos que con el espejo del Villarreal, consolidado en la élite, semifinalista de Champions y subcampeón de Liga incluso, han ido creciendo con unas masas sociales y unos estadios modestos, pero con gran fidelidad y pasión de sus aficiones, que difícilmente pudieron soñar hace veinte años dónde podrían campar sus equipos de barrio y sus horarios matinales porque no había luz eléctrica.

De ahí, junto a razones pragmáticas de los reportes económicos de los derechos televisivos, entre otras, pero sobre todo al buen savoir faire y sentido común de los dirigentes, se explica el éxito del fútbol madrileño o vasco que alcanzan casi el 50% del cupo de equipos en Primera en la temporada a punto de comenzar. Y en el caso de los madrileños, con la trayectoria asentada en Segunda del Alcorcón, que ha disputado hasta dos play-off de ascenso y el año que subió se merendó al Real Madrid en un ida y vuelta copero antes impensable (4-0 en Santo Domingo y “solo” 1-0 en el Bernabeu). Junto al estreno del Rayo Majadahonda y otros equipos que lo llevan intentando varias temporadas como el Fuenlabrada. Larga vida al fútbol modesto.

Foto: Diario As.

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