OPINIÓN desde Miranda de Ebro | Mira que somos distintos…

Han pasado tres días desde que se disputara el Derby del Plantío y parece buen momento para hacer un pequeño análisis sobre lo ocurrido. Como suele ser habitual en este tipo de partidos, ocurrieron muchas cosas, algunas de las cuales no deberían pasar inadvertidas.

En lo que tiene que ver con lo puramente futbolístico, a estas alturas, ya está prácticamente todo dicho. Lógicamente, los aficionados rojillos nos fuimos dolidos, porque se escapó una buena oportunidad para lograr una importante victoria. Cada uno sacará sus propias conclusiones, aunque parece obvio que el equipo tiene mucho que mejorar. En cualquier caso, esta vez, mi intención no es analizar esto.

Quienes me conocen, saben la importancia que le doy a que el Club Deportivo Mirandés se mantenga siempre en esa línea que en los últimos años nos ha hecho alcanzar los mayores logros de nuestra historia. Evidentemente, las victorias y las derrotas se producen en el terreno de juego, pero soy un firme convencido de que todo lo que rodea, juega un papel imprescindible, más si cabe en clubes humildes, como el nuestro.




En los últimos tiempos, han sido muchos los factores que han contribuido a que esa esencia rojilla de la que he hablado otras veces, haya ido viéndose mermada. La fatídica temporada pasada, la crisis económica que ha golpeado (y lo sigue haciendo) duramente a la ciudad o, más recientemente, los malos resultados que se están produciendo en esta segunda vuelta, son, sin duda, factores que ayudan más bien poco a recuperar ese jugador número 12, que tantos partidos nos ha hecho ganar.

La reforma de la grada de General también ha sido un factor importante. Obviamente, nos ha aportado algo con lo que llevábamos soñando mucho tiempo. A día de hoy contamos con un Estadio Municipal de Anduva mucho más a la altura del club. Esto, es sin duda algo positivo, pero la contrapartida es que, inevitablemente, parte del ambiente de la antigua Gerenal se ha perdido, lo que unido (todo esto, a mi juicio) al desplazamiento de las peñas que más animación generan al Fondo Sur, ha hecho que les sea mucho más complicado contagiar ese ambiente al resto del estadio.

En definitiva, se podría decir que últimamente, eso que nos hacía (y hace) especiales, se está perdiendo. Al menos una parte. Sin embargo, este pasado Domingo fueron varios los factores que me hicieron recuperar cierto optimismo en este sentido. El de este fin de semana no fue el desplazamiento más numeroso de los que se recuerdan. Ni tan siquiera fue el más grande de la temporada, pero, en cambio, la capacidad que la marea rojilla mostró para estar unida ante una situación adversa, sí me recordó a la de los mejores momentos.




Uno ya cuenta con que, cuando viaja a Burgos para seguir al Mirandés, a pesar del comportamiento en general correcto de la mayoría de la afición local, va a tener que aguantar según que cosas. Esto, cuando está dentro de unos límites, es algo que forma parte de los Derbis, haciendo de ellos algo especial. Hasta aquí todo bien, pero lo cierto es que quienes estuvimos este fin de semana en Burgos, vivimos algunas situaciones que a día de hoy creíamos superadas.

Insisto en que, en su inmensa mayoría, la afición burgalesista se comportó de manera correcta, pero es cierto que se produjeron algunos hechos que, posiblemente, de no ser por la impecable actitud de la expedición rojilla, podrían haber llegado a mayores.

Tampoco parece demasiado lógica la planificación que el Burgos CF hizó del partido, no sólo por las condiciones en las que se encontraba la zona donde su ubicó a nuestra afición, si no por un despliegue de seguridad como mínimo discutible, que permitió, entre otras cosas, el acceso a la zona visitante de algún que otro aficionado local (que no buscaba precisamente hacer amigos) o el intento de agresión a uno de nuestros jugadores a la salida del estadio.

Me marché de Burgos con la sensación de que existe una gran animadversión hacia nuestro club y yo, que intento siempre buscar el por qué de las cosas, he llegado a alguna conclusión:

Para empezar, y por ser justos, seguro que algo de culpa tendremos nosotros. La rivalidad entre ambos equipos se ha venido fraguando en los últimos tiempos, coincidiendo con la mejor época de nuestro Mirandés. Por supuesto, en este tiempo, nuestra afición ha evolucionado mucho, y quizá, en aquellos primeros enfrentamientos, hubo actitudes por nuestra parte que a día de hoy no repetiríamos. Es obvio que, si bien nosotros no hicimos las cosas del todo bien en aquel entonces, esto fue algo recíproco. Sin embargo, con el paso de los años, tengo la sensación de que sólo una de las partes ha superado todo esto.




Debe resultar duro que con bastantes menos recursos y menor apoyo institucional, tus vecinos, esos que vienen de “la aldea” (la Aldea Gala que diría Pouso) hayan sido capaces de escribir los mejores años de su historia, al mismo tiempo que tú no estás pasando precisamente por un buen momento. Creo que a nadie se le escapa que la rivalidad es así y para ser justos, tampoco nosotros lo pasaríamos bien en esa situación.

Esto, que son cosas del fútbol y de el deporte en general, se entiende perfectamente, pero es en este tipo de situaciones cuando una afición demuestra su nivel. El domingo, los 800 aficionados rojillos dieron una lección de comportamiento. Demostramos ser muy disitintos. No sólo en esos momentos de tensión a los que hacía referencia antes, si no durante todo momento. Desde el inicio hasta el final, animando a nuestro equipo, muy por encima de los poco innovadores insultos recibidos desde el otro lado del estadio. Siendo esa afición ejemplar que se ha ganado el respeto de los campos por los que pasa.

Los éxitos no se alcanzan por casualidad. El Mirandés ha llegado muy lejos en los últimos años gracias a ser diferentes. El trabajo, la humildad y esa unión indisoluble entre equipo y afición nos han llevado a lo más alto y de un tiempo hasta hoy, hemos perdido una buena parte de ella. Sin embargo, el otro día, en Burgos, vi resurgir ese espíritu y sentí un profundo orgullo de estar en este lado.




Quizá hayamos tenido que volver a un plaza a la que hacía tiempo que no íbamos para ver cuanto hemos crecido y por qué. Quizá, a pesar de no traernos un buen resultado, El Plantío sea nuestro punto de inflexión para recuperar el Anduva que mete miedo. Al fútbol juegan los futbolistas, eso es de cajón. Pero si nosotros recuperamos esos valores que nos trajeron hasta aquí, seguro que les resulta mucho más fácil hacerlo…

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